Caleta de Maitencillo: tradición, sabor e historias alrededor del mar

En la Caleta de Maitencillo los trabajadores del rubro se organizan de forma colaborativa para vender pescados y mariscos frescos a los transeúntes y abastecer a los restaurantes de la zona. En un ambiente lleno de alegría, conviven distintas personas dedicadas a este oficio, con diferentes historias y experiencias que vale la pena escuchar. 

El graznido de las gaviotas, el olor a mar, gente alegre y conversadora. El ambiente que se respira en la Caleta de Maitencillo invita a impregnarse de él paseando por los locales, conversando con las personas que aquí trabajan, y a disfrutar de un marisco directo desde su concha. 

Llegamos temprano en la mañana para entrevistarnos con don Robin, un pescador que trabaja en el sector desde los años ‘70. Queríamos conocer su historia y la de las personas que comparten con él en el Sector 6 del mercado de los pescadores, pero nuestro plan cambió rápidamente: la camaradería es tal, que terminamos conversando con muchas otras personas, todas dispuestas a compartir sus experiencias de vida y de trabajo. Ese es el espíritu de la Caleta de Maitencillo.

Como están junto al mar, cuentan con una poza natural donde mantienen la frescura de los mariscos que ofrecen.

Ubicado en el sector sur del balneario, junto a la playa Pocitos, el mercado de pescadores nace desde la coordinación que realizó el sindicato para que las personas dedicadas a este rubro pudiesen vender sus productos. En cada stand venden tres personas, y se pueden encontrar pescados y mariscos, todos frescos. Como están junto al mar, cuentan con una poza natural donde mantienen la frescura de los mariscos que ofrecen.

Muchos de estos frutos del mar provienen de otras caletas, abasteciéndose desde Horcón o Zapallar, por ejemplo, aunque también se ofrecen productos que son extraídos desde Maitencillo. Los peces de roca, cangrejos, jaibas y erizos (cuando no están en veda) son sacados de forma local, y responsable: se cuidan los recursos, porque quienes trabajan en esto tienen claro de que depende de ellos que la actividad siga funcionando sin sobreexplotar.

Esta conciencia es parte de la tradición. Muchas de las personas que cuentan con locales en el lugar han estado ligados al mar por mucho tiempo, incluso traspasando generaciones: padres y abuelos que se han dedicado a la pesca y el buceo, y cuyas familias se dedican a algo relacionado con el tema. Aunque también hay quienes han llegado a la zona, y que habiendo encontrado este oficio, no se han ido.

Se cuidan los recursos, porque quienes trabajan en esto tienen claro de que depende de ellos que la actividad siga funcionando sin sobreexplotar.

Aunque no todo es fácil. La vida del pescador y mariscador es sacrificada, ya que la temporada buena es solo en verano, y siempre dependerá de las condiciones climáticas. El resto del año, muchos de los trabajadores deben encontrar otras fuentes de ingresos, dedicándose a la construcción, por ejemplo. 

A pesar de que el flujo de consumidores es menor durante el año, la caleta está abierta también en temporada baja. La organización y sentido de comunidad les permite encontrar la forma de vender de forma equitativa: entre los locatarios, se reparten los días para que todos tengan la chance de vender. Por lo mismo, si uno visita el mercado durante el año encontrará que varios stands están cerrados. Eso sí, cuando visites y veas que los locales están abiertos, no dejes de consumir en el lugar alguno de los productos del mar que ofrecen. Nosotros pudimos comer unos ricos ostiones con limón directo de su concha, mientras conversábamos con los locatarios.

La organización y sentido de comunidad les permite encontrar la forma de vender de forma equitativa.

De todas formas, la reinvención y la búsqueda de alternativas están a la orden del día en las mentes de los pescadores, quienes han encontrado otros nichos en los que mantener un flujo. Es el caso de Robin, quien abastece a restaurantes como La Pescá, de forma tal que no depende únicamente de la persona que va a comprar directamente al mercado de la caleta. Otros utilizan el mismo modelo de negocios, y así pueden mantenerse haciendo aquello que saben y que ha sido traspasado por la familia y el tiempo. 

Si vas a Maitencillo, no dejes de visitar el mercado de la caleta de pescadores. Acá encontrarás un ambiente muy organizado, limpio y profesional. Y si puedes, tómate el tiempo de conversar con las personas que allí trabajan, pues tienen grandes historias que merecen el tiempo de ser escuchadas y disfrutadas.

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